Historia de la Hermandad

              El conjunto procesional de Jesús Nazareno de Santiago nació en el seno de la antigua cofradía de la vera cruz. Esta gran cofradía fue la primera que se fundo en Medina de Rioseco, seguramente hacia finales del siglo XV o en los primeros años del siglo XVI, auspiciada por los franciscanos y el almirantazgo de Castilla, casa regida por el entonces por el primer duque de Medina de Rioseco, D. Fabrique Enríquez de Velasco.

            A esta misma cofradía pertenecían los actuales pasos de la Oración del Huerto, la Flagelación (o Jesús atado a la Columna) y la Dolorosa, si bien en un principio la penitencial no desfilaba con conjuntos escultóricos. Las primeras procesiones las formaban largas filas de disciplinantes y hermanos de luz, que salían del convento de San Francisco la tarde del Jueves Santo.

            En el siglo XVII la cofradía comienza a encargar estos conjuntos procesionales, paralelamente a las otras dos grandes penitenciales,    la de la pasión (en Santa Cruz) y la Quinta Angustia (en Santa Maria) Precisamente en este momento la Vera Cruz construye una capilla propia al lado del hospital que regentaba y que se denominaba de “ los Convalecientes”. Poco después ampliaría sus posesiones con un nuevo corral de comedias, de donde la cofradía sacaba ingresos para mantener el hospital, lo mismo que de varias casas, alquiler de pozos de nieve.

            El Miércoles Santo por la tarde los pasos salían de su capilla, en la calle de la Doctrina, dirigiéndose hacia San Francisco donde partía al día siguiente la procesión. Como hemos indicado.

            Con el paso del tiempo, el cambio de mentalidad religiosa, los edictos de Carlos III, la critica del clero ilustrado, la decadencia económica y sobre todo por la guerra de independencia, que asolo esa capilla, y los procesos desamortizadores, que eliminaron las fuentes principales de sustento de las cofradías, los pasos de trasladaron temporalmente a  la capilla de la Quinta Angustia (corro de Santa Maria) y definitivamente a la iglesia de Santiago, desde donde hoy sigue saliendo esta procesión del Jueves Santo.

            A mediados del siglo XX (1959) se sumo a esa procesión las hermandades herederas de la cofradía de la pasión, pero siguen distinguiéndose las fuentes originarias de las actuales cofradías, por ejemplo, en el mismo color de la túnica: de terciopelo morado para los de la Vera Cruz y de paño castellano negro para los de la pasión.

            La cofradía del Nazareno  nació por tanto de esa antigua cofradía de la Vera Cruz, al principio como gremio dependiente y, luego, como hermandad propia, si bien asumió desde un principio el papel de ser la heredera legitima de la Vera Cruz manteniendo pleitos con otros gremios hermanos para mantener ese status “superior”, por ejemplo con la cofradía de la Dolorosa. Los primeros datos de su existencia autónoma ya se remontan a los primeros años del siglo XIX, si bien y desgraciadamente, el primer libro de cuentas y acuerdos conservado es a partir de (1916)  La perdida de los anteriores hace difícil rastrear es periodo y debemos consultar fuentes paralelas.

            Hoy, es una de las cofradías más populares de la Semana Santa riosecana, con 360 hermanos.

            También cabe destacar que con el paso del tiempo no se ha perdido la tradición de Vestirse de Nazareno el día de jueves Santo, pasando esta de padres a hijos.

Conjuntos Procesionales

 

Es la verdadera seña de identidad de la cofradía, y la devoción hacia su imagen titular, el Nazareno, ha sido mantenida generación tras generación.

            Sin embargo poco se sabe de la imagen de cristo. Tradicionalmente los riosecanos han venido atribuyendo la imagen al gran escultor de Sarriá avecindado en Valladolid, Gregorio Fernández (1576-1636)  La primera referencia conocida hacia la valía de los conjuntos de la Vera Cruz fue realizada por el viajero Antonio Ponz en su Viaje de España (1783). Posteriormente Juan Agapito y Revilla en su artículo del boletín de la real academia de la Purísima Concepción de Valladolid titulado “Esculturas de Gregorio Fernández en Medina de Rioseco” (1944) atribuye ciertas esculturas del convento de San José  a este gran imaginero y vuelve a ahondar en la gran calidad del Jesús Nazareno de Santiago, si bien no formula ninguna atribución. Los investigadores posteriores han ido descartando tal autoría y no se ha incluido en los catálogos y monografías dedicados a Fernández, planteando nuevas atribuciones. Así, el investigador riosecano Esteban García Chico anota en la ciudad de los Almirantes (1945) que la talla de Cristo con la cruz a cuestas fue labrado por un escultor de la escuela vallisoletana posiblemente discípulo de Gregorio Fernández”, palabras que copia en el Catalogo Monumental; en la 2ª  edición de Los templos riosecanos (1955) señala que es del taller de Gregorio Fernández. Posteriormente Jesús Urrea Fernández, pregonero de la Semana Santa riosecana del año 1996 y actual director del Museo Nacional de Escultura de Valladolid apunto como posible autor a Francisco Diez de Tudanca en el Cuaderno Vallisoletano dedicado a la Semana Santa   (num.24,1987), que hizo eco el  catedrático Salvador Andrés Ordax en el capitulo dedicado a Medina de Rioseco en Semana Santa de Castilla y León (1993).

            La imagen de Jesús Nazareno de Santiago es desde luego una de las tallas más importantes de la Semana Santa riosecana, que se caracteriza, por otro lado, por la alta calidad de sus conjuntos procesionales. Cristo avanza en una posición vacilante, con la pesada carga de la cruz. Una cruz que hunde su hombro y a la que se agarra con las dos manos. Junto a sus pies, desnudos, se arremolinan los pliegues de la túnica, tallados para crear mayor movimiento pero dejando traslucir la anatomía debajo del manto, la posición flexionada y dulce de la pierna izquierda, uno de los detalles que muestran la gran calidad del artífice. El rostro de Cristo, algo inclinado, muestra serenidad y calma. La barba y el cabello están tratados a partir de gruesos mechones con formas curvilíneas que denotan, junto a otros rasgos, ciertos recuerdos de la plástica manicrista. La talla sufrió una drástica restauración en 1965 que afecto especialmente a la parte policromada.

            Conocemos una imagen de finales de 1901 en la que completaban el conjunto dos sayones, probablemente de cartón piedra, de tamaño mas reducido que el de la imagen titular. Uno iba detrás de Cristo, amenazándole con la lanza, mientras que el otro abría el cortejo sosteniendo el cordón que rodea el cuello del Nazareno con la izquierda y tocando un cuerno con la derecha. Según la tradición, los sayones fueron sustituidos por orden del obispo de Palencia para evitar el mote malsonante de “El cornudo” precisamente por ese sayón. Fue entonces, seguramente hacia finales de la segunda década del siglo XX cuando, por esta razón y seguramente por el escaso mero artístico de los sayones, se encargaron dos nuevas imágenes que repetían las mismas actitudes: un sayón con una lanza y delante un centurión que sostiene la soga y toca, en este caso, una trompeta. estas dos obras fueron realizadas por Claudio Tordera policromadas por Gabriel Osmundo Gómez (1925).

            Desde el año 1995 la cofradía cuenta con banda propia de cornetas y tambores, y recientemente en el año 2000 la cofradía procesiona un nuevo paso : La Verónica, obra del escultor leones José Ajenjo Vega, conjunto compuesto por la imagen de Cristo con la cruz a cuestas delante del cual se disponen las tallas de la Virgen María y la Verónica, personificación de la mujer que enjuago la faz de Cristo, imprimiéndose milagrosamente el Vero Icono, custodiado durante siglos en San Pedro del Vaticano.

                Este grupo ha sido realizado en madera de abedul. La figura del Nazareno mide 1,80m, la Virgen y la Verónica 1,77m, cada una de ellas. Las encarnaciones  se han realizado al óleo por seguimiento de veladuras. Los ropajes han sido trabajados sobre temple. Las grecas y los buriles se han realizado con tratamiento de temple sobre oro de sobrefondo tratado al bol.

                   Como síntesis de este magnifico grupo, podemos concluir que el Nazareno marca el seguimiento de sobriedad y expresividad de Gregorio Fernández, la Virgen la belleza airosa y armónica de Juan de Juni, y la Verónica enmarca la dulzura al mejor estilo de Francisco Salzillo.

 

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© Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Santiago y la Santa Verónica. 2006

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